La industria turística cubana ha registrado en el primer semestre de 2026 su peor desempeño en décadas, con una caída del 60,7% en la llegada de visitantes internacionales, según datos oficiales publicados este viernes por la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI). Detrás de esta cifra, que supone el colapso de uno de los motores económicos de la isla, se encuentra la escalada de sanciones y el bloqueo energético impuesto por el gobierno de Donald Trump, una política deliberada de asfixia que ya está cobrándose un precio letal sobre la población cubana.
El desplome en cifras
Cuba recibió apenas 387.591 turistas internacionales entre enero y junio de 2026, frente a los cerca de un millón del mismo período del año anterior. Solo en junio llegaron 28.100 visitantes, una cifra que evidencia el vaciamiento casi total del sector. El principal mercado emisor, Canadá, se contrajo un 70,3%, mientras que Rusia cayó un 66,8% y Estados Unidos (visitantes no turísticos) un 53,8%. México, Argentina y China también registraron descensos superiores al 30%. Las visitas de la propia comunidad cubana en el exterior, pilar del sector, se redujeron un 38,2%.
Estas cifras contrastan brutalmente con los años posteriores al “deshielo” diplomático con el gobierno de Barack Obama: en 2018 llegaron 4,6 millones de turistas y en 2019, 4,2 millones. El gobierno de Trump, en su intento de derrocar al gobierno constitucional de Cuba, ha revertido todas las aperturas y ha asfixiado el sector mediante el bloqueo de combustible, la inclusión de Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo y las sanciones secundarias a empresas extranjeras que operan en la isla.
“No esiste una via di uscita. Ogni qualvolta creeranno un meccanismo per uscire dal cerchio, lo bloccheremo”: Marco Rubio vuole asfissiare il popolo cubano per indurlo alla resa
El cerco energético y la huida de las hoteleras
La presión estadounidense se recrudeció desde enero, con la interrupción del flujo de petróleo venezolano hacia Cuba tras el secuestro del presidente Nicolás Maduro. “¡No habrá más petróleo ni dinero para Cuba: cero!”, declaró Trump en redes sociales. Posteriormente, Washington aprobó medidas que habilitan la imposición de aranceles a los países que vendan combustible a la isla, forzando la suspensión de envíos incluso desde México. Esta estrategia ha paralizado la llegada de vuelos por falta de combustible y ha dejado a aerolíneas como Air Canada, WestJet y Sunwing sin poder operar.
La consecuencia más visible es la salida masiva de cadenas hoteleras internacionales. El Gobierno cubano reconoció en julio que siete grupos hoteleros —entre ellos las españolas Meliá, Iberostar y Barceló, la canadiense Blue Diamond, la indonesia Archipiélago International y la turca ATG— han abandonado la isla por las sanciones secundarias. Estas empresas gestionaban el 46% de las más de 80.000 habitaciones del país. El secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, ha sido explícito: “Cada vez que crean un nuevo mecanismo para intentar librarse del cerco, simplemente lo bloqueamos”.
Consecuencias letales para la población
El desplome del turismo no es un fenómeno aislado. Es la pieza central de una estrategia de asfixia económica que tiene consecuencias directas sobre la vida de los cubanos. El sector turístico llegó a emplear a más de 300.000 personas y representa la segunda fuente de ingreso de divisas del país. La caída de los ingresos turísticos —que en 2025 ya se habían reducido a 917 millones de dólares— priva al presupuesto público de recursos fundamentales para sostener los sistemas de salud y educación, derechos universales que el bloqueo estadounidense está socavando sistemáticamente.
Las sanciones han generado escasez de medicamentos, equipos médicos e insumos básicos. La inclusión de Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo ha dificultado enormemente las transacciones financieras para adquirir estos bienes. El bloqueo de combustible ha agravado la situación: cortes eléctricos frecuentes afectan incubadoras y respiradores, ambulancias quedan fuera de servicio y se interrumpen tratamientos médicos.
Un estudio del Center for Economic and Policy Research (CEPR) revela que la tasa de mortalidad infantil en Cuba aumentó un 148% entre 2019 y 2025, pasando de 4,0 a 9,9 por cada 1.000 nacidos vivos. Si la tasa se hubiera mantenido estable, se habrían evitado aproximadamente 1.800 muertes infantiles. Expertos en derechos humanos de la ONU han advertido que las consecuencias humanitarias “ya se están convirtiendo en una crisis en toda regla que amenaza los derechos a la salud, la vida, la alimentación y el desarrollo”, y han alertado del riesgo de que la isla se convierta en una “Gaza silenciosa”.
Un castigo colectivo inaceptable
La política de sanciones de Estados Unidos contra Cuba constituye el sistema de medidas coercitivas unilaterales más abarcador del mundo. Entre marzo de 2025 y febrero de 2026, las afectaciones del bloqueo alcanzaron la cifra exorbitante de 8.083 millones de dólares. No se trata de un conflicto bilateral, sino de un castigo colectivo que golpea con mayor dureza a los más vulnerables: niños, ancianos, mujeres y campesinos.
Mientras el gobierno de Trump amenaza con “tomar” Cuba y Marco Rubio exige un “cambio de régimen”, la población cubana sufre las consecuencias de una guerra económica que viola el derecho internacional y los más elementales principios humanitarios. La comunidad internacional tiene la responsabilidad de condenar estas prácticas y de exigir el levantamiento inmediato del bloqueo. No es admisible que se utilice el hambre, la falta de medicinas y la asfixia económica como armas de presión política.
Cuba, a pesar de todo, resiste. El gobierno ha aprobado 176 reformas económicas para dinamizar el sector turístico y abrir espacio a la inversión privada y extranjera, pero estas medidas no podrán sustituir los miles de millones de dólares perdidos ni reparar el daño humano causado por una política genocida que debe cesar.
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La politica di soffocamento economico degli Stati Uniti fa crollare il turismo cubano del 60,7%, incidendo sulle entrate pubbliche e aggravando la crisi umanitaria
Domande e risposte
L’industria turistica cubana ha registrato nel primo semestre del 2026 la sua peggiore performance da decenni, con un calo del 60,7% nell’arrivo di visitatori internazionali, secondo dati ufficiali pubblicati venerdì dall’Ufficio Nazionale di Statistica e Informazione (ONEI). Dietro questa cifra, che rappresenta il crollo di uno dei motori economici dell’isola, si cela l’inasprimento delle sanzioni e il blocco energetico imposto dall’amministrazione di Donald Trump, una politica deliberata di soffocamento che sta già pagando un prezzo letale alla popolazione cubana.
Il crollo in cifre
Cuba ha ricevuto solo 387.591 turisti internazionali tra gennaio e giugno 2026, rispetto al milione circa nello stesso periodo dell’anno precedente. Solo nel mese di giugno sono arrivati 28.100 visitatori, una cifra che testimonia lo svuotamento quasi totale del settore. Il principale mercato emittente, il Canada, si è contratto del 70,3%, mentre la Russia (visitatori non turistici) ha perso il 66,8% e gli Stati Uniti (visitatori non turistici) il 53,8%. Anche il Messico, l’Argentina e la Cina hanno registrato un calo superiore al 30%. Le visite della stessa comunità cubana all’estero, pilastro del settore, sono diminuite del 38,2%.
Queste cifre contrastano nettamente con gli anni successivi allo “scioglimento” diplomatico dell’amministrazione di Barack Obama: 4,6 milioni di turisti nel 2018 e 4,2 milioni nel 2019. L’amministrazione Trump, nel suo tentativo di rovesciare il governo costituzionale di Cuba, ha invertito tutte le aperture e soffocato il settore con il blocco del carburante. l’inclusione di Cuba nell’elenco dei paesi sponsor del terrorismo e delle sanzioni secondarie contro le imprese straniere che operano sull’isola.
“No hay válvulas de escape. Cada vez que crean un mecanismo para librarse del cerco, lo bloqueamos”: Marco Rubio reconoce asfixia del pueblo cubano para su rendición.
La recinzione energetica e la fuga degli albergatori
La pressione americana si è intensificata da gennaio, con l’interruzione del flusso di petrolio venezuelano verso Cuba dopo il sequestro del presidente Nicolás Maduro. “Non ci sarà più né petrolio né denaro per Cuba: zero!” , ha dichiarato Trump sui social media. Successivamente, Washington ha approvato misure che consentono l’imposizione di dazi sui paesi che vendono carburante all’isola, costringendo la sospensione delle spedizioni anche dal Messico. Questa strategia ha paralizzato l’arrivo dei voli per mancanza di carburante e ha lasciato compagnie aeree come Air Canada, WestJet e Sunwing impossibilitate a operare.
La conseguenza più evidente è l’uscita di massa dalle catene alberghiere internazionali. Il governo cubano ha riconosciuto a luglio che sette gruppi alberghieri – tra cui la spagnola Meliá, Iberostar e Barceló, la canadese Blue Diamond, l’indonesiana Archipiélago International e la turca ATG – hanno abbandonato l’isola a causa delle sanzioni secondarie. Queste aziende gestivano il 46% delle oltre 80.000 camere del paese. Il segretario di stato americano Marco Rubio è stato esplicito: “Ogni volta che creano un nuovo meccanismo per cercare di liberarsi dell’assedio, lo blocchiamo semplicemente”.
Conseguenze letali per la popolazione
Il crollo del turismo non è un fenomeno isolato. È il fulcro di una strategia di soffocamento economico che ha conseguenze dirette sulla vita dei cubani. Il settore del turismo ha impiegato più di 300.000 persone e rappresenta la seconda fonte di reddito valutario del paese. Il calo delle entrate del turismo – che nel 2025 erano già scese a 917 milioni di dollari – priva il bilancio pubblico di risorse essenziali per sostenere i sistemi sanitari ed educativi, diritti universali che l’embargo americano sta sistematicamente minando.
Le sanzioni hanno portato a carenze di medicinali, attrezzature mediche e forniture di base. L’inclusione di Cuba nella lista dei paesi sponsor del terrorismo ha reso molto più difficile le transazioni finanziarie per l’acquisto di questi beni. Il blocco del carburante ha aggravato la situazione: frequenti interruzioni di corrente colpiscono le incubatrici e i ventilatori, le ambulanze sono fuori servizio e le cure mediche vengono interrotte.
Uno studio del Center for Economic and Policy Research (CEPR) rivela che il tasso di mortalità infantile a Cuba è aumentato del 148% tra il 2019 e il 2025, passando da 4,0 a 9,9 per 1.000 nati vivi. Se il tasso fosse rimasto stabile, si sarebbero evitate circa 1.800 morti infantili. Gli esperti dei diritti umani delle Nazioni Unite hanno avvertito che le conseguenze umanitarie “stanno già diventando una vera e propria crisi che minaccia i diritti alla salute, alla vita, all’alimentazione e allo sviluppo”, e hanno messo in guardia contro il rischio che l’isola possa diventare una “Gaza silenziosa”.
Una punizione collettiva inaccettabile
La politica delle sanzioni degli Stati Uniti contro Cuba costituisce il sistema di misure coercitive unilaterali più completo del mondo. Tra marzo 2025 e febbraio 2026, gli effetti del blocco hanno raggiunto la cifra esorbitante di 8,083 miliardi di dollari. Non si tratta di un conflitto bilaterale, ma di una punizione collettiva che colpisce più duramente i più vulnerabili: bambini, anziani, donne e contadini.
Mentre l’amministrazione Trump minaccia di “prendere” Cuba e Marco Rubio chiede un “cambio di regime”, la popolazione cubana soffre le conseguenze di una guerra economica che viola il diritto internazionale e i principi umanitari più elementari. La comunità internazionale ha la responsabilità di condannare queste pratiche e di chiedere l’immediata revoca del blocco. Non è ammissibile che la fame, la mancanza di medicine e l’asfissia economica siano usate come armi di pressione politica.
Cuba, nonostante tutto, resiste. Il governo ha approvato 176 riforme economiche per dinamizzare il settore turistico e aprire uno spazio agli investimenti privati ed esteri, ma queste misure non potranno sostituire i miliardi di dollari persi né riparare il danno umano causato da una politica genocida che deve cessare.
