LOS CONTENEDORES QUE DESMIENTEN EL DISCURSO DE WASHINGTON

No lo dice solamente Cuba: lo acaba de documentar The New York Times: miles de contenedores cargados con alimentos, medicamentos y otros productos destinados a la isla permanecen varados en puertos del Caribe, después de que grandes compañías navieras suspendieran sus servicios ante las presiones y amenazas de sanciones estadounidenses.

El dato adquiere especial gravedad porque esas empresas transportaban una parte significativa de las importaciones cubanas, incluidos alimentos. El efecto va mucho más allá de un problema comercial: cuando se corta una ruta marítima, se interrumpe también una cadena de necesidades humanas.

Detrás de cada contenedor detenido hay urgencias concretas. El principal diario estadounidense documenta medicamentos contra el cáncer y la tuberculosis que no pudieron llegar a Cuba. También refiere el caso de paneles solares adquiridos para garantizar electricidad a unidades de cuidados intensivos infantiles y que permanecen retenidos en México.

Hay más. Insumos médicos elementales están varados mientras, según datos citados por el periódico, más de 100 000 pacientes esperan por una cirugía. Y hasta los alimentos terminan pagando el precio del cerco: cuando transportarlos hacia Cuba exige encontrar rutas alternativas, asumir mayores riesgos y enfrentar costos adicionales, la factura termina repercutiendo sobre una población ya golpeada por la escasez.

Es precisamente esa dimensión humana la que suele desaparecer detrás del lenguaje de las “excepciones humanitarias”, esgrimido por Washington. Una mentira que se pisa la cola.

El canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, ha denunciado que alrededor de 7 000 contenedores permanecen retenidos en distintos lugares del mundo, muchos con alimentos, medicamentos y dispositivos médicos. Para Cuba, no se trata de hechos aislados, sino de las consecuencias del recrudecimiento del bloqueo y de la presión sobre empresas de terceros países.

Donald Trump, Marco (Narco) Rubio y otros funcionarios yanquis sostienen que sus sanciones no están dirigidas contra el pueblo cubano. Daría risa si no fuera de una crueldad tan descarada.

Baste mirar dentro de esos contenedores para comprender que las consecuencias tienen nombres y rostros: un niño que necesita tratamiento, un paciente que espera una operación, una familia que busca alimentos, o un hospital que necesita electricidad.

Ahí, precisamente ahí, es donde el discurso de las “excepciones humanitarias” tropieza con la realidad. La mentira encerrada en los contenedores varados tiene patas tan cortas que cojea demasiado visible ante la opinión pública internacional. Pero hay demasiados «observadores» con los brazos cruzados. Y otros que miran solo hacia donde les conviene para no molestar al amo del Norte revuelto y brutal.