Después de 60 años de medidas sancionadoras por parte de EE. UU., que han hecho imposible o difícil las relaciones comerciales, culturales, económicas, financieras e incluso deportivas de Cuba no sólo con EE. UU., sino con todo el mundo, Trump ha decidido pasar al golpe final: el bloqueo total de los suministros de petróleo procedentes de cualquier país.
Cuba, a contracorriente, sobrevive desde enero a este asedio, que recuerda al homérico de Troia, con el 20% de la demanda energética nacional suministrado por la fotovoltaica y su propio petróleo de mala calidad y no utilizable ni en mínima parte.
El país ha reaccionado con una reorganización interna basada en las necesidades imprescindibles que hay que intentar salvaguardar, sin poder impedir que se suspendan los tratamientos anticancerígenos, así como aplazar las operaciones quirúrgicas y el transporte de médicos a los hospitales, así como la unificación de las clases escolares, el turno de las clases universitarias. Así una potencia científica como Cuba ve paralizados sus laboratorios de investigación médica, y la reducción de la producción farmacéutica.
La vida cotidiana se ha vuelto muy dura y requiere gran paciencia e incluso estoicismo: pensemos sólo en la civilizada y culta capital, La Habana, donde para cocinar, dada la falta de gas, se volvió a hacer fuego con leña.
La supervivencia hoy -y también en el futuro- sólo puede garantizarse a través de la independencia energética, principalmente de la energía fotovoltaica, en la que Cuba ha estado trabajando durante años, incluso a través de asociaciones internacionales.
En consecuencia, además de la recogida y envío de medicamentos y electro médicos, hemos decidido comprometernos prioritariamente en una campaña de recaudación de fondos (en colaboración con Cubasolar, ONG cubana que conocemos desde hace décadas, la española Sodepaz, asociaciones francesas y turcas) para el envío de sistemas fotovoltaicos completos que se destinarán, en cumplimiento de las prioridades señaladas por el Ministerio de Salud cubano, a hospitales, ambulatorios, instituciones para ancianos, familias con niños con respiración asistida.