El diario estadounidense The New York Times acaba de publicar lo que en Cuba sufrimos a diario: miles de contenedores cargados de comida, medicamentos e insumos de primera necesidad permanecen varados en puertos del Caribe sin poder tocar suelo cubano.
¿Por qué? Porque el gobierno de Estados Unidos ha apretado la tuerca del bloqueo hasta ahogarlo todo. Al amenazar a las navieras y financieras internacionales con castigos extraterritoriales, provocan que empresas que transportaban más del 50% de los alimentos e insumos de la isla abandonen las rutas.
Detrás de cada contenedor retenido hay rostros e historias humanas:
– Tratamientos contra el cáncer y la tuberculosis devueltos o bloqueados.
– Paneles solares comprados para dar luz a terapias intensivas infantiles retenidos en México.
– Insumos médicos básicos bloqueados mientras más de 100.000 pacientes esperan por una cirugía.
– Alimentos de primera necesidad cuyo precio se dispara porque traerlos exige maniobras titánicas.
Washington insiste ante la opinión pública mundial en que sus sanciones «no van dirigidas al pueblo» y que existen «excepciones humanitarias». Pero el expediente es transparente: la estrategia es estrangular la economía, privar de luz y medicina al pueblo y generar un sufrimiento generalizado para lograr lo que no han conseguido en más de 60 años: someter la independencia y la soberanía de Cuba.
Este cerco logístico, energético y financiero es un acto criminal. No hay argumento ético ni legal que sostenga la asfixia deliberada de una nación entera.
El mundo tiene que reaccionar. Romper el silencio es el primer paso para derrotar la injusticia.
¿Hasta cuándo se permitirá que la fuerza esté por encima del Derecho Internacional? Déjanos tu opinión en los comentarios.
Comparte esta publicación. Que la verdad circule más rápido que las sanciones.